Meditación es un concepto amplio y con múltiples modalidades y objetivos. En este post vamos a explicar qué es la meditación con una definición genérica de las prácticas más accesibles y útiles para principiantes. En el futuro ampliaremos y detallaremos esta información para quienes estén interesados.
Qué es la meditación
La meditación es un conjunto de entrenamientos mentales que cultivan habilidades como la atención, la conciencia del momento presente y la regulación emocional.
En la práctica, suele consistir en elegir un objeto de atención —como la respiración, los sonidos o las sensaciones—, notar las distracciones y volver al objeto sin juicios cada vez que la mente se desvía del foco voluntario.
Dado que la respiración siempre está disponible, los grandes maestros recomiendan empezar con ella. Pero su disponibilidad no es su única ventaja: a medida que se progresa en la práctica, se descubren otros beneficios que veremos más adelante.
Es importante aclarar que, en contra de la creencia popular, meditar no consiste en “dejar la mente en blanco”, ni requiere creencias religiosas o filosóficas.
El objetivo inicial es observar cómo se desarrollan los procesos mentales y entrenar la capacidad de darse cuenta de que estamos siendo arrastrados por un pensamiento. Cuando notemos esa distracción, simplemente retornamos con amabilidad al objeto de meditación (en este caso, la respiración).
No debemos generar rechazo hacia los pensamientos ni recriminarnos por distraernos. De hecho, distraerse es lo normal: en eso consiste la práctica, en darse cuenta y retornar con amabilidad.
Con el tiempo, este entrenamiento reduce la frecuencia y la duración de las distracciones, fortaleciendo la atención sostenida.
En esta primera fase conviene tener paciencia, expectativas realistas y una mente abierta, sin caer en la idea errónea de que “uno no sirve para meditar”.
Salvo casos concretos con algún trastorno mental permanente o transitorio, la meditación está indicada para cualquier persona. Pero es muy importante tener en cuenta que no todas las meditaciones son aptas para todos.
Dependiendo del temperamento del practicante y del momento en el que se encuentre dentro de su camino de crecimiento personal, algunas prácticas meditativas avanzadas pueden causar confusión o ser contraproducentes. Por eso es recomendable seguir el consejo de alguien experimentado y cualificado para ejercer de guía.
Principales tipos de meditación
Existen muchos tipos de meditación, y durante el aprendizaje cada persona debe encontrar la práctica que mejor se ajuste a sus necesidades. Lo más recomendable, como decimos, es hacerlo con la guía de alguien experimentado.
No hay prácticas “mejores” o “peores”: cada técnica puede ser más o menos adecuada según el momento y el objetivo del practicante.
Entre ellas destaca la meditación orientada a la calma mental (samatha), cuyo propósito es alcanzar un equilibrio entre lucidez y serenidad.
Cuando la mente está clara suele estar agitada; cuando está calmada, tiende al sopor. Conseguir equilibrio entre ambos estados requiere entrenamiento.
Esta técnica es especialmente recomendable para principiantes, pues constituye una base sólida y, si se hace correctamente, puede ser una práctica suficiente para toda la vida. A partir de ella pueden explorarse otras prácticas más específicas, cada una con sus beneficios particulares.
Qué es la meditación para la ciencia
Durante las dos últimas décadas se han publicado centenares de estudios sobre meditación, que avalan beneficios coherentes con lo que las tradiciones milenarias ya señalaban.
La evidencia muestra mejoras significativas en estrés, ansiedad, atención, memoria y dolor crónico, aunque la magnitud varía entre estudios.
Las tradiciones antiguas, como el budismo, subrayan que la práctica formal —la meditación “en el cojín”— es solo una parte del entrenamiento.
Para entender correctamente qué es la meditación y obtener resultados duraderos, debe integrarse con la atención consciente en la vida diaria, cultivando presencia en las acciones cotidianas y reduciendo estímulos que vayan en dirección contraria a ese propósito.
Si una persona dedica 15 minutos al día a meditar pero el resto del tiempo satura su mente de ruido mediático, estrés o distracciones constantes, el progreso será limitado.
Por ejemplo, sería como intentar achicar agua con un vaso dentro del Titanic: el problema no es que no estemos sacando agua, sino que el flujo de entrada es mucho mayor.
O como si tratas de cultivar en un campo repleto de maleza: los resultados serían muy distintos si ese mismo terreno estuviese limpio y abonado.
La buena noticia es que los ajustes que habría que realizar en nuestra vida cotidiana suelen ser sencillos si existe determinación real por mejorar la salud mental y física.
En síntesis, la evidencia respalda la meditación como herramienta complementaria de bienestar, eficaz cuando se practica con constancia, expectativas realistas y una guía adecuada.
No debe considerarse un sustituto de las terapias o tratamientos médicos recomendados por los profesionales de la salud, sino un complemento preventivo y de mantenimiento.
La meditación no suprime el sufrimiento de forma inmediata, pero sí fortalece la capacidad de afrontarlo con claridad y equilibrio.
Más abajo encontrarás un apartado con una clasificación de los tipos de meditación que ha identificado la ciencia, por si estás interesado.
Cómo empezar a meditar: guía práctica
Reglas básicas
- Poco y frecuente es mejor que mucho y esporádico. Al principio se trata de establecer el hábito.
- La distracción no es un error: notarla y volver es la práctica.
- Actitud: curiosidad, paciencia y amabilidad hacia uno mismo.
Sesión (10–12 minutos)
NOTA: A continuación te muestro un esquema general. Próximamente publicaremos una guía más completa y detallada de una meditación básica.
1) Preparación (1 min)

- Es conveniente destinar un lugar tranquilo de la casa para la práctica.
- Silencia el teléfono y siéntate con la espalda recta sin apoyarla.
- Puedes sentarte en silla o sillón. La postura del loto NO es necesaria.
- Desarrolla una motivación sana: recuerda por qué meditas.

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