Zenón de Citio

Quién fue Zenón de Citio

Zenon de Citio

Zenón de Citio fue un filósofo griego nacido en Citio, Chipre, alrededor del año 334 a.C. Es más conocido por ser el fundador de la escuela estoica de filosofía.

No existen imágenes del filósofo. Las representaciones actuales están basadas en la imaginación del artista o en descripciones literarias.

Zenón de Citio: el fundador del Estoicismo

Biografía de Zenón de Citio

Quién era Zenón de Citio

El fundador del estoicismo nació alrededor del año 334 a.C. en Citio, una ciudad-estado griega en la isla de Chipre, la actual Larnaca. Hijo de comerciantes, Zenón de Citio estuvo inicialmente destinado a seguir el negocio familiar.

Sin embargo, su vida dio un giro drástico debido a un naufragio que lo dejó varado frente a las costas de Atenas, lo que marcaría el comienzo de su transformación.

Zenon de Citio

El Naufragio: de mercader a filósofo

El naufragio frente a las costas de Grecia no solo se tradujo en la pérdida de sus riquezas, sino que también lo sumergió en una profunda reflexión sobre la vida. Cuesta un poco saber quién era Zenón de Citio si no se conoce el proceso de transformación que sufrió tras el naufragio (ver vídeo).

Tras el desastre, Zenón llegó a Atenas y, buscando un nuevo propósito, se encontró en una librería donde descubrió las enseñanzas de Sócrates en las Memorabilia de Jenofonte.

zenon de citio en la librería de atenas

Este encuentro con la filosofía socrática despertó en él una pasión por el conocimiento que le impulsó a preguntar al librero si conocía a alguien que viviera según aquellas enseñanzas.

El dueño del establecimiento señaló a un hombre que caminaba por la calle y le dijo que le siguiera. Aquel hombre era Crates de Tebas, un destacado filósofo cínico.

Zenón de Citio pensamiento filosófico

Bajo la tutela de Crates, Zenón estudió las enseñanzas del cinismo, una filosofía que abogaba por la autosuficiencia y el desprecio por las riquezas materiales.

Sin embargo, Zenón encontró el cinismo demasiado extremo y comenzó a desarrollar su propia filosofía, que más tarde se conocería como estoicismo.

Además de Crates, Zenón estudió con otros filósofos de la escuela megárica y la Academia Platónica, incluyendo a Stilpo de Megara y Jenócrates.

El Estoicismo: principios y enseñanzas

Zenón fundó su escuela de filosofía en el Pórtico Pintado (Stoa Poikile) en Atenas alrededor del 300 a.C. Sus seguidores pronto fueron conocidos como «Estoicos» debido al lugar donde enseñaba.

El estoicismo enfatizaba la virtud como el bien supremo, alcanzada a través de la sabiduría, la justicia, el coraje y el autocontrol.

Biografía de Zenon de Citio

Uno de los principios centrales del estoicismo es la «dicotomía del control», que distingue entre lo que está bajo nuestro control (nuestras acciones y juicios) y lo que no (circunstancias externas).

Los estoicos creen que solo debemos preocuparnos por lo que podemos controlar, aceptando con serenidad lo que no podemos cambiar. Esta filosofía promueve vivir en armonía con la naturaleza y utilizar la razón como guía principal para la vida.

Impacto y legado

Zenón no solo influyó a sus contemporáneos, sino que dejó un legado duradero que ha moldeado el pensamiento filosófico durante siglos.

Entre sus discípulos más notables se encuentran Cleantes, quien sucedió a Zenón como líder de la escuela estoica, y Crisipo, quien se considera uno de los principales desarrolladores del estoicismo después de Zenón.

La influencia del estoicismo se extendió más allá de Grecia y Roma, llegando a influir en la filosofía cristiana y en la psicología moderna, particularmente en la Terapia Cognitivo-Conductual (CBT).

Esta terapia se basa en principios estoicos, enseñando que nuestras reacciones a los eventos, y no los eventos en sí, determinan nuestro bienestar emocional.

El Estoicismo en la práctica moderna

En el siglo XXI, ha habido un resurgimiento del interés por el estoicismo. Sus enseñanzas sobre la resiliencia, el autocontrol y la aceptación de la naturaleza incontrolable de muchos aspectos de la vida ofrecen una guía práctica para enfrentar los desafíos modernos.

Filósofos contemporáneos y autores han adaptado las ideas estoicas para el desarrollo personal y profesional, subrayando su relevancia atemporal.

Zenón de Citio, a través del desarrollo del estoicismo, ofreció una filosofía integral que combina lógica, física y ética para proporcionar un marco de vida que busca la eudaimonía, una vida plena y floreciente.

Su legado continúa influyendo en la filosofía, la psicología y la vida cotidiana, demostrando la perdurable relevancia de sus enseñanzas.

Su historia, desde el naufragio que lo llevó a Atenas hasta la fundación de una de las escuelas filosóficas más importantes, sigue siendo una inspiración para aquellos que buscan vivir una vida de virtud y sabiduría.

Dramatización del naufragio de Zenón de Citio narrado por “él mismo” con un final que tal vez te interese

biografia de zenon de citio

Bienvenidos a la historia de un naufragio que cambió mi vida y está a punto de cambiar la tuya.

Mi nombre es Zenón, nací en el año 334 a. C. en Citio, lo que ahora se conoce como Larnaca, en Chipre. Soy hijo de comerciantes, por lo que siempre estuve destinado a continuar el negocio familiar, pero un naufragio me dejó varado en Atenas.

La historia que estoy a punto de contarte, la de mi naufragio frente a las costas de Grecia, me condujo a la más absoluta ruina económica.

Al mismo tiempo, me dio la oportunidad de explorar el camino de la que más tarde sería una vida de inmensa fortuna… aunque nada tuviera que ver con el dinero.

La bruma de los siglos me impide recordar con claridad, pero el día que lo perdí todo pudo transcurrir de esta manera:

Tuve un viaje muy próspero gracias a sufrir un naufragio.

Zenón de Citio

El cielo, poco antes pintado de azul, comenzó a oscurecerse mientras las nubes se agrupaban como montañas grises en el horizonte. El viento cambiaba; sentía cómo el mar se alborotaba bajo la quilla de mi nave que transportaba un valioso cargamento de tintes púrpura.

Mis marineros se movían inquietos, recogiendo velas y ajustando cabos. Sus rostros se habían vuelto tensos bajo la amenaza de la tormenta.

Yo, hasta ese momento preocupado solo por mis mercancías, observaba impotente la inmensa furia de la naturaleza.

Grité a mi tripulación que se preparasen para lo que se nos venía encima, aunque mi voz se perdió entre el rugido creciente del viento y las olas.

La tempestad nos alcanzó con la brutalidad de unos dioses enfurecidos por el olvido. Olas gigantescas golpeaban el casco elevándonos hasta las alturas para luego dejarnos caer en valles de agua espumosa.

Mis pensamientos, ante el inminente desastre, habían dejado de centrarse en las riquezas que podrían perderse en el abismo, y comenzaron a girar en torno a la fragilidad de la vida y nuestra fugaz existencia.

Un rayo se estrelló cerca de nosotros, seguido de un trueno que parecía querer partir el mundo en dos. El palo mayor se quebró como una caña bajo el peso del viento, y supe que el fin de nuestro viaje estaba cerca.

Aunque cada hombre luchaba por su vida, no había miedo, solo la resolución de enfrentar lo inevitable.

No hay forma de explicar el estruendo que produce un golpe de mar partiendo semejante mole de madera por la mitad. Lo que vino después fue un brevísimo momento de confusión, seguido del abrazo implacable del mar embravecido.

Cuando todo acabó, me vi flotando en las frías aguas, subido a un pedazo de madera. Completamente indefenso, comprendí que escapar de la voracidad del mar no dependía de mí. Me encontraba a su merced. Solo me quedaba aceptar y enfrentar cada ola tal y como se presentaba.

Un despertar inesperado

Poco después me encontré vagando por las calles de Atenas. Mis riquezas se habían esfumado. Una fuerza que escapaba a mi control había conseguido convertir al rico mercader en un simple vagabundo.

De mis ruinas materiales nació mi verdadero propósito, una búsqueda no de riquezas, sino de significado.

El recuerdo de las olas inundando la cubierta me ayudó a darme cuenta. Vivimos en una lucha eterna contra un mundo al que no le importan nuestros planes.

Yo, un hombre insignificante, que se creía importante y poderoso, me vi obligado a revisar los conceptos de importancia y poder.

Así, desde la furia de Poseidón, no emergí como un comerciante derrotado, sino con una nueva mirada, como un filósofo en ciernes, decidido a explorar las profundidades, pero esta vez, del alma de los hombres.

Sigue a ese cínico

En las polvorientas calles de Atenas, mi curiosidad me llevó a una librería repleta de escritos antiguos. Con el alma aún zarandeada por el naufragio que había trastocado mi vida, buscaba algo, aunque no sabía exactamente qué. Entonces, entre estantes repletos de sabiduría, mis ojos se encontraron con Sócrates. Tomé un volumen llamado «Memorabilia», de Jenofonte, y comencé a leer sumergiéndome en las enseñanzas del filósofo ateniense.

Justo cuando las palabras de Sócrates comenzaban a resonar dentro de mí, una voz potente inundó la librería. Era el librero leyendo en voz alta pasajes que exaltaban la virtud y la reflexión. Intrigado por esas ideas que parecían hablar directamente a mi espíritu, interrumpí mi lectura y le pregunté dónde podría encontrar a alguien que viviera según esas enseñanzas.

Como si el destino se hubiera tejido en ese instante, el librero señaló hacia la calle por donde pasaba alguien de aspecto austero. «Sigue a ese hombre,» dijo señalando a quien después supe que se trataba de Crates de Tebas, un filósofo cínico.

Aquel encuentro marcó el comienzo de mi transformación. Bajo su tutela, absorbí las duras pero liberadoras lecciones del cinismo, aunque algo de todo aquello no terminaba de convencerme.

Los filósofos cínicos seguían las enseñanzas de Antístenes, un discípulo directo de Sócrates. El cinismo, tal como ellos lo practicaban, era una filosofía que abogaba por una vida en desacuerdo con las normas sociales establecidas, centrada en la autenticidad y la independencia de las necesidades materiales.

A través de mi mentor, comprendí que los cínicos valoraban la autosuficiencia y la virtud sobre todas las cosas, despreciando la riqueza y el poder como distractores del verdadero propósito del ser humano.

Los Cínicos

Los filósofos cínicos vivían con lo mínimo. Según ellos, la felicidad se alcanza librándose del deseo, resistiéndose a las convenciones que impone la sociedad.

Este rechazo a la opulencia y la superficialidad era, en esencia, una llamada a vivir de acuerdo con la naturaleza y la razón. Pronto noté que su enfoque era demasiado extremo, demasiado radical en su rechazo absoluto de las normas sociales.

Comprendí que, si bien la virtud era primordial, también debíamos encontrar un equilibrio que nos permita vivir en armonía con nuestra comunidad, sin dejar de lado la autosuficiencia.

Por eso, tomé las enseñanzas que consideré valiosas en el cinismo, y las combiné con ideas de otras escuelas para forjar mi propia filosofía de vida. Un camino donde la virtud, la razón y la autosuficiencia se combinan con el respeto por la sociedad. Un código ético que nos permita vivir en consonancia con la naturaleza y con aquellos que nos rodean.

El amanecer de una nueva filosofía. El estoicismo

Comencé a enseñar y discutir mis reflexiones en el pórtico pintado, o  «Estoa Poikile», en Atenas. Era un lugar público donde los ciudadanos se reunían para hablar y compartir ideas.

Escogí este espacio porque era accesible para todos. No importaban ni la clase social ni el nivel cultural de quienes se acercaban para escuchar mis enseñanzas. La Stoa se convirtió en el símbolo de nuestra filosofía. Al igual que el pórtico acoge a quienes buscan refugio y comunidad, el estoicismo ofrece refugio espiritual y guía ética.

Dediqué mi vida al desarrollo de una filosofía que considera la virtud como el bien supremo. Esta virtud se alcanza obrando con sabiduría, justicia, coraje y autocontrol. La riqueza o el placer son meros indiferentes.

Vive en armonía con la naturaleza si quieres llevar una vida plena.

La dicotomía de control

Uno de los pilares fundamentales de nuestra filosofía, es la distinción entre aquello que está bajo nuestro control, y lo que no. Solo podemos controlar nuestras propias acciones y respuestas, mientras que las circunstancias externas deben ser aceptadas tal como vienen. Este entendimiento fomenta una serenidad reforzada ante la adversidad.

En el estoicismo, enfatizamos la importancia de controlar nuestras emociones. Aspiramos a gobernarnos no por impulsos irracionales, sino mediante el uso de la razón, nuestro juicio claro y una conducta virtuosa. Además, la práctica constante de la lógica y la reflexión crítica, es esencial para afinar nuestro entendimiento y fortalecer nuestra sabiduría.

Por medio de estos principios, he enseñado a mis seguidores a enfrentar con ecuanimidad tanto el dolor como la fortuna, enfocándose siempre en la virtud como el propósito último de la existencia. Así, el estoicismo busca proporcionar fortaleza interna. Una fortaleza que nos permita navegar por las aguas tumultuosas de la vida con elegancia y dignidad.

Filósofos brillantes como Epicteto, Marco Aurelio o Séneca, han seguido mi legado filosófico dejando para la historia interesantes reflexiones que te recomiendo encarecidamente.

Sí, ya sé que no los conocí, pero me han hablado muy bien de ellos.

La biografía y las enseñanzas de Epicteto, merecen especial atención. No todos los días un esclavo se convierte en uno de los pensadores más influyentes de la historia de la humanidad.

Como fundador del estoicismo, me veo en la obligación de animarte a que hagas una reflexión personal sobre tu existencia, y te preguntes si estás desperdiciando tu vida siguiendo los horizontes equivocados.

Yo ya estoy muerto, no puedo cambiar nada de lo que hice en vida. Por suerte, antes de morir, una tormenta me mostró el camino. Espero que mis enseñanzas, sean tu tormenta.

Artículo: Zenon de Citio.

Resumen
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Nombre
Zenon de Citio
Web
Cargo
Fundador del estoicismo
Empresa
La Escalera Infinita